Zona roja

zona roja

03/10/2023

La pesadilla que experimenté esta vez fue una de las más intensas que he tenido hasta ahora.

Decidí buscar un lugar apartado para disfrutar de un merecido descanso, y alguien me recomendó una zona en pleno campo, caracterizada por su serenidad y la escasez de habitantes. Ofrecía un clima agradable, un ambiente tranquilo y la promesa de estar lejos del bullicio de la ciudad, todo lo que necesitaba para recargar energías.

Concerté una cita con la dueña del lugar para recoger las llaves. La comunicación telefónica transcurrió sin problemas y las expectativas eran altas. Sin embargo, al llegar allí, me encontré con un grupo de personas que se hallaban de pie, mirando en una dirección de la casa.

Zona roja. Ilustrada con Inteligencia Artificial de Bing.

Me aproximé lentamente hacia el lugar al que todos parecían mirar, el patio trasero de la casa se extendía ante mí. Una sensación de temor se apoderó de mí a medida que me acercaba, mi corazón latía con fuerza y el miedo me envolvía por completo.

En ese amplio patio, una escena escalofriante se desplegaba ante mis ojos. No sabía cómo reaccionar, estaba petrificado. En el centro del patio se encontraba un hombre de unos treinta años, con un bigote oscuro, sin camisa, empapado de sudor y una siniestra sonrisa que se extendía de oreja a oreja y se desvanecía mientras más lo observaba. Estaba arrodillado, sosteniendo en sus manos un recipiente. A su lado, yacían dos cuerpos boca arriba, cubiertos de sangre y vistiendo solo su ropa interior.

Zona roja. Ilustrada con Inteligencia Artificial de Bing.


Los dos cuerpos yacían en el suelo, con sus vientres grotescamente abiertos y las costillas rotas, extendiéndose hacia afuera en una macabra exhibición. El hombre, cuyo rostro estaba cubierto de sudor y satisfacción retorcida, trabajaba incansablemente para hacer espacio en sus cavidades. La cantidad de sangre era abrumadora, saturando el aire con su penetrante aroma metálico. Era evidente que los cuerpos no habían estado allí por mucho tiempo.

Los cuerpos yacían allí, con embudos cruentos forzados en sus bocas, mientras el hombre sudoroso vertía meticulosamente un líquido desconocido. El penetrante aroma de la sangre y del siniestro químico colmaba el aire, retorciendo mi estómago. En medio de mi pavor, una figura tenebrosa de entre la multitud me obligó a tomar asiento, insistiendo en que continuara observando esta escalofriante escena.

Zona roja. Ilustrada con Inteligencia Artificial de Bing.


El ambiente en la casa se volvió cada vez más sombrío, poblado por numerosos caimanes que acechaban en la penumbra. Aunque podía tropezarte con ellos, ninguno se atrevía a atacar, limitándose a escalar nuestras piernas. El zumbido constante de las moscas y otros insectos llenaba el aire. En ese inquietante escenario, la dueña de la casa se aproximó sigilosamente a mí y susurró en mi oído: "No permitas que se refleje tu asombro o temor en tu rostro, tu vida está en peligro". Me señaló al hombre arrodillado que había estado observando, identificándolo como su líder.

Zona roja. Ilustrada con Inteligencia Artificial de Bing.


No sabía cómo reaccionar; la escena que se desarrollaba ante mis ojos resultaba incomprensible, algo que jamás había presenciado. Luchaba por mantener la calma, evitando caer en el pánico que amenazaba con apoderarse de mí. Mis ojos se desviaban hacia el paisaje exterior, donde extensos platanales y aves en vuelo creaban un contraste asombroso con el horror que ocurría en el interior de la casa.

Mis pensamientos se perdían en ese paisaje diferente, una distracción necesaria para no ceder al miedo que me embargaba. Sin embargo, esta breve pausa en la vista se interrumpió abruptamente cuando el siniestro individuo se materializó frente a mí. Con una frialdad inquietante, me dijo al oído: "No, no se ha equivocado de lugar. Este es uno de los sitios más tranquilos que podrá encontrar".


Zona roja. Ilustrada con Inteligencia Artificial de Bing.


Las palabras del extraño resonaron en el aire, cargadas de un misterio que helaba mis huesos. Mi instinto gritaba que huyera, pero algo en su tono me intrigaba y pregunté con voz apenas audible: ¿Quién es usted?, el individuo con una calma siniestra respondió: "Soy a quien todos temen".

Después de esto me costó mucho conciliar el sueño. Fue la pesadillas más sanguinaria que hubiera tenido. 

No he podido recrear con mayor realidad las imágenes de ésta pesadilla, ya que la IA, por sus políticas no lo permite y, si fuera así, serían demasiado crudas.